En el marco del tradicional remate del grupo Productores para Productores en la Sociedad Rural de Magdalena, en Vieytes, la voz del establecimiento Las Criollas se convirtió en el reflejo de generaciones de trabajo silencioso. Entre la memoria de un campo centenario y la brisa del presente, el histórico productor ganadero repasa el valor de la constancia en el campo argentino.
Hay algo imperceptible para quien no camina la tierra de sol a sol, pero que resulta transparente para quien lleva el barro y el viento metidos bajo la piel. Es una templanza especial, una terquedad buena: la de permanecer.
Esa misma esencia fue la que se respiró el pasado sábado en las instalaciones de la Sociedad Rural de Magdalena, ubicadas en la localidad de Vieytes. Allí, durante una nueva edición del remate del grupo Productores para Productores , el murmullo de los corrales y el andar ágil de los martillos se pausaron por un instante para escuchar la palabra serena de Benjamín Muñiz Barreto, titular del establecimiento Las Criollas , de la zona de Verónica..
— Un viejo productor de la zona — se presentó Benjamín con esa elegancia humilde que solo otorgan los años acumulados a caballo.
Acompañado por el sonido de fondo de la hacienda y la satisfacción del deber cumplido, Muñiz Barreto repasó lo vivido en una jornada donde la calidad de la hacienda presentación volvió a ser el argumento principal.. Sin embargo, detrás de las planillas de ventas y los vientres que salieron a la pista, tarde una historia mucho más profunda: la de un suelo centenario que se divide entre hermanos pero no se fragmenta en convicciones..
La recompensa a la terquedad del alma.
El momento que atraviesa la ganadería argentina tiene hoy una luz diferente. Los valores firmes y las perspectivas internacionales parecen saldar una deuda histórica con quienes no aflojaron los brazos en las épocas de penumbra.. Pero para hombres como Benjamín, que han visto pasar todas las tormentas económicas y climáticas del país, la lectura no pasa solo por el bolsillo, sino por la renovación de la fe en el trabajo..
— Después de varios años de estar penando con los valores, ahora tenemos muy buenos precios, lo cual da aliento para seguir intensificando y mejorando. Estos precios te alientan porque tenés una recompensa por lo que haces — reflexionó con la pausa de quien sabe que la ganadería nunca fue un negocio de un solo verano.
Habló de la genética, de la inseminación, del recambio generacional y del impulso de mirar hacia adelante con la mirada de quien no le teme al futuro, sino que lo construye día a día..
Querer al campo cuando no hay aplausos
Hay una máxima inescrita que atraviesa a los hombres y mujeres del campo argentino: el verdadero ganadero no se hace en la bonanza, se prueba en la adversidad. Cuando el invierno se pone duro, cuando el viento corta la cara en los campos de la provincia de Buenos Aires, cuando el resultado económico no acompaña, hay un motor invisible que sigue empujando.
Al preguntarle sobre esa raíz profunda que hace que el productor siga firme aun cuando las cuentas no cierran, la respuesta de Benjamín resumió la mística de toda una vida dedicada a los corrales:
— El hombre de campo hace esto porque le gusta, porque lo siente. Uno siempre le gusta la ganadería y aunque no tenga valores buenos sigue adelante. Si hay buenos precios, mejor… pero se hace por sentimiento.
Entre recuerdos de abuelos, potreros caminados y la serenidad de haber entregado lo mejor de sí en cada servicio, la presencia de Benjamín Muñiz Barreto en Vieytes dejó en claro que la hacienda puede cambiar de manos, pero la pasión por la tierra es un legado que no se vende ni se remata.. Simplemente se transmite, de generación en generación, con el orgullo intacto de seguir siendo de campo..

