En la 21° edición de la Fiesta del Tomate Platense, productores de la región reivindicaron la historia de la semilla criolla, defendieron la agroecología y advirtieron sobre las dificultades que atraviesan para sostener la actividad en un contexto económico complejo.

Desde la Estación Experimental de Gorina, Frecuencia Agropecuaria dialogó con dos protagonistas de esta cadena productiva que resiste: Paulino Ríos, productor de la Asociación 25 de Mayo, y Luis Pérez, productor de la Asociación 1610, de La Capilla, en Florencio Varela. Ambos coincidieron en un mismo mensaje: el tomate platense no es solo un cultivo, es identidad.

Una semilla con historia que se niega a desaparecer

“Es una semilla que es patrimonio de la Argentina y de La Plata. Es una semilla migrante que vino desde Europa y que estuvo a punto de perderse”, explicó Paulino Ríos, quien este año tuvo a su cargo la apertura del evento.

Productor desde hace 12 años, y dedicado al tomate platense bajo manejo agroecológico desde hace cinco, Ríos destacó el trabajo colectivo que permitió recuperar la variedad y volver a posicionarla.

“Tenemos que concientizar al productor para que opte por la agroecología. El secreto está ahí. Lo químico puede darle apariencia, pero no tiene sabor”, afirmó, marcando la diferencia entre el tomate híbrido de larga vida y el producido a campo abierto.

Para Ríos, el consumidor muchas veces elige por la “pinta”, pero el valor real está en el contenido: “Al platense no le van a quitar el sabor. Tiene aroma, es jugoso, sirve para salsa, dulce, mermelada. Es historia, pero también es alimentación”.

Generaciones que conservan la semilla original

Por su parte, Luis Pérez aporta una mirada profundamente ligada a la tradición familiar. Productor de La Capilla e integrante de una asociación de 14 productores, conserva semillas que su padre guardaba desde 1976.

“Seguimos conservando las semillas. No cambia el sabor ni el gusto. Es el único tomate que lo arrancás verde y madura arriba de la heladera sin perder sabor”, relató.

A diferencia de otras variedades híbridas que fueron ganando mercado —como el “larga vida” o los tomates importados— el platense fue quedando relegado por su menor resistencia y su apariencia menos uniforme.

“Es más blando, más aguado, acostillado, la pinta no es buena. Pero hasta ahora no le iguala el sabor a ningún tomate”, sostuvo.

Luis explicó que el trabajo de recuperación fue lento y paciente: “Hicimos un trabajo de hormiga, concientizando, dando a probar. La juventud no sabe lo que es un tomate criollo. Esa es nuestra tarea: educar y continuar”.

Producción a pequeña escala y dificultades comerciales

Ambos productores coincidieron en que el principal obstáculo hoy es la comercialización.

“El mercado no lo valora porque busca lo que dura más tiempo en góndola”, señaló Ríos. El tomate platense, al ser más delicado, requiere mayor cuidado en cosecha y manipulación.

En un contexto económico adverso, los precios tampoco acompañan. Según detalló, el tomate convencional llegó a pagarse entre 1.500 y 2.000 pesos el cajón, pero aun así la demanda fue baja.

“La economía está muy complicada y golpea mucho a los pequeños productores. Esta fiesta nos ayuda a solventar un poco las pérdidas”, agregó.

En el caso de la asociación que integra Luis, el desafío fue aún mayor: reinsertar el tomate platense en el mercado tras años de predominio de híbridos.

“Nos educaron a consumir tomate que dure, que no se rompa, que viaje miles de kilómetros sin machucarse. Nosotros apostamos al sabor y a la identidad”, expresó.

Agroecología e identidad territorial

Más allá del volumen, ambos productores remarcaron que el camino elegido es el de la producción responsable y la preservación genética.

Ríos trabaja mayormente a campo abierto, utilizando nutrientes naturales como cáscaras de banana, papa o huevo para fortalecer el cultivo. Pérez, en tanto, mantiene aisladas sus plantas para evitar cruces que alteren la genética original.

“Es exclusivo el tomatito. Sacamos semillas propias y seguimos como trabajaban antes nuestras generaciones”, afirmó Luis.

En tiempos donde la rentabilidad es ajustada y el consumo cambia, el tomate platense encuentra en estos productores su principal sostén.

La 21° edición de la fiesta no solo celebró un fruto típico de la región, sino también el esfuerzo silencioso de quienes, generación tras generación, siguen defendiendo su sabor.