Desde Buenos Aires y Río Negro, dos cabañas apícolas reflejan realidades distintas pero coinciden en el crecimiento del sector, la importancia de la genética y la necesidad de una mayor articulación con la agricultura y la ganadería.

En el marco de la Expo Apícola realizada en General Belgrano, durante el encuentro de criadores de abejas reina, dos experiencias productivas —una desde la región pampeana y otra desde la Patagonia— permiten trazar un panorama amplio de la apicultura argentina actual.

En diálogo con Frecuencia Agropecuaria, José Luis, de la cabaña Apicolauquen (Trenque Lauquen), y Daniel Bustos, de La Abeja Reina (Valle Medio de Río Negro), compartieron sus recorridos, modelos de producción y visiones sobre una actividad que continúa ganando protagonismo dentro de las economías regionales.

Genética y crecimiento: dos caminos con un mismo objetivo

En el centro de ambas experiencias aparece la mejora genética como eje estratégico.

Desde Buenos Aires, José Luis trabaja con la combinación de líneas italiana y bufa, desarrollando híbridos adaptados a la demanda del productor. “Voy seleccionando lo que uno quiere lograr, en función de lo que el cliente necesita”, explicó.

Su crecimiento ha sido sostenido: “Todos los años vengo duplicando la cantidad de reinas”, señaló, reflejando una demanda creciente en el mercado interno.

Por su parte, desde Río Negro, Bustos describe un proceso más condicionado por el ambiente. “Necesitamos abejas que pasen bien el invierno”, sostuvo, en referencia a las exigencias del clima patagónico.

En ese sentido, la cabaña trabaja con genética carniola —adaptada al frío— y bufa, además de haber incorporado líneas desde Europa para mejorar características como mansedumbre, sanidad y productividad. “Buscamos abejas que realmente le sirvan al apicultor”, resumió.

Producción y mercados: del ámbito local a la exportación

Las diferencias regionales también se reflejan en la escala y el destino de la producción.

En el caso de Apicolauquen, la comercialización se concentra principalmente en el mercado interno, con envíos de reinas fecundadas a distintas zonas del país. “Las reinas se pueden enviar, pero con las celdas tratamos que las vengan a buscar, porque el transporte es delicado”, explicó José Luis.

En cambio, La Abeja Reina combina mercado local con exportación. “Arrancamos con ventas internas y luego nos preparamos para exportar, principalmente a Europa”, detalló Bustos, aprovechando la contraestación para abastecer la primavera del hemisferio norte.

La apicultura dentro del sistema productivo

Más allá de las diferencias productivas, ambos coinciden en un punto clave: la necesidad de integrar la apicultura con la agricultura y la ganadería.

Desde la región pampeana, José Luis observó cambios positivos en los sistemas productivos: “Antes había mucha soja y fumigación, ahora se ve más ganadería y más pasturas, lo que es bueno para la abeja”.

Aun así, remarcó la importancia del diálogo con los productores: “Siempre tratamos de avisar y coordinar las aplicaciones, aunque no siempre es fácil”.

En la misma línea, Bustos fue más contundente sobre el rol de la polinización: “Sin abejas suficientes no hay buena producción. Está todo relacionado”.

Incluso citó estudios recientes que evidencian el impacto directo en los rindes: “Una soja polinizada puede rendir hasta un 30% más”.

Un sector con potencial, pero con desafíos

Ambos productores coinciden en que la apicultura argentina tiene una base sólida y un importante reconocimiento a nivel internacional.

“Somos de los principales exportadores del mundo”, destacó Bustos, aunque advirtió que el crecimiento futuro dependerá de una mayor integración con el resto de las actividades agropecuarias.

Desde su experiencia, José Luis también valoró el presente del sector: una actividad en expansión, con mayor demanda y oportunidades, pero que requiere seguir fortaleciendo vínculos y profesionalización.


Dos regiones, dos sistemas productivos y una misma conclusión: la apicultura argentina crece, se tecnifica y busca consolidarse como un eslabón clave dentro del entramado agropecuario, donde la genética, la articulación y el conocimiento serán determinantes para su desarrollo.