En el marco de la Exposición Angus de Primavera, Juan Martín Ojea Rullán , reconocido asesor ganadero e integrante de la Asociación Argentina de Angus, dialogó en exclusiva con Frecuencia Agropecuaria. Con una mirada analítica sobre el presente de la actividad, Ojea Rullán destacó la oportunidad histórica que atraviesa la ganadería argentina, impulsada por la apertura de mercados, la demanda global de proteína animal y la incorporación decisiva de tecnología y datos al servicio de la producción.
Por Pablo Molina + IA
Tras años de incertidumbre, políticas restrictivas y coyunturas adversas, el sector ganadero atraviesa un período de revalorización. Para Ojea Rullán, esta etapa no solo debe celebrarse, sino capitalizarse mediante la mejora de la infraestructura predial, el ordenamiento de los rodeos y la apuesta firme por la genética de precisión..
«Tuvieron muchísimos años donde la carne siempre ha sido un precio político, que cuando subía había que frenarla. Hoy está liberado el precio, la carne vale y el mundo la quiere, y encima nosotros tenemos muy buena calidad. El negocio de exportación se ha abierto; si bien el argentino comía 60 u 80 kilos por año y hoy come un poco menos, se puede exportar mucho más. Hay que abastecer el consumo local, pero también salir al mundo y traer divisas para el país».
La era de los datos y la precisión genética.
Uno de los aportes centrales del asesor giró en torno a la transformación del criterio técnico en la toma de decisiones. La ganadería moderna ha superado la mera apreciación visual para dar paso a mediciones concretas que impactan de manera directa en el rendimiento industrial y comercial..
«Hoy la ganadería se está tecnificando. Ya no es solo si el animal es lindo o feo, gordo o flaco. La genética se ha valorizado muchísimo y los datos están tomando una preponderancia muy grande: se mide, se procesa y la industria empieza a exigir parámetros específicos para la exportación, como el espesor de grasa, el tamaño del ojo de bife o el marmoleo. Todo eso hace que la información tenga un valor clave».
Esta exigencia de calidad se traslada a cada eslabón de la cadena, revalorizando zonas ganaderas tradicionales como la Cuenca del Salado y promoviendo inversiones en infraestructura básica y sanitaria..
«Inseminar tiene un costo, pero no es solo el semen: es la sincronización, el trabajo del veterinario, acomodar las mangas y apotrar bien para hacer un buen trabajo. La cría hay que acompañarla con una buena recría. Los valores actuales están acompañando toda esa inversión que se está haciendo en los campos».
Sacar pecho y seguir produciendo
Consultado sobre el recorrido histórico de los productores y la capacidad de sobreponerse a las crisis climáticas y económicas, Ojea Rullán subrayó el espíritu perseverante que caracteriza al ganadero argentino..
«Hemos pasado todas: nos han sopeado de todos lados, nos han pegado y hemos luchado hasta internamente con la soja, pero seguimos resistiendo. Somos unos loquitos que seguimos con esto porque nos gusta. Hoy que vale, esperemos que siga, cuidémosla y sigamos avanzando genéticamente, en producción y en datos. El mundo nos necesita porque necesita la proteína animal».
En su mensaje final, el especialista instó a no perder el entusiasmo y aprovechar el escenario para afianzar el crecimiento del stock y la eficiencia en los establecimientos de todo el país..
«El negocio ganadero es muy amplio y muy lindo: hay quienes hacen carne para consumo, quienes producen para exportar o quienes crían reproductores. Lo importante es seguir creyendo en esto, ver nacer al ternero, ver cómo evoluciona el rodeo y continuar apostando al futuro de la ganadería argentina».

