La adopción de sistemas de ordeño robotizado (AMS) ha marcado un antes y un después en la lechería moderna. Sin embargo, la experiencia a campo demuestra que muchos tambos robotizados no logran expresar todo su potencial productivo.

En la mayoría de los casos, el problema no está en el robot, sino en el manejo previo a su uso. En este contexto, el período de preparto emerge como un factor decisivo para el éxito del sistema.

A diferencia del ordeño convencional, el AMS depende de la decisión voluntaria de la vaca de acudir al robot. Por lo tanto, cualquier factor que afecte su confort, metabolismo, locomoción o aprendizaje impactará directamente en la frecuencia de ordeño y en la producción de leche. Una transición mal manejada se traduce rápidamente en menos visitas al robot, mayor necesidad de “fetch cows” (traer vacas al robot) y menor eficiencia del sistema.

Uno de los puntos críticos es la condición corporal al parto. Vacas que paren con exceso de condición corporal presentan mayor riesgo de balance energético negativo severo, cetosis subclínica y menor actividad, lo que reduce su motivación para visitar el robot. En cambio, animales que llegan al parto con una condición corporal moderada (3,25–3,5) muestran mejor adaptación temprana, mayor consumo de concentrado y una mayor frecuencia de ordeño en el inicio de la lactancia.

Otro aspecto clave es la adaptación al concentrado del robot durante el preparto. Cuando las vacas no reconocen ni aprenden a consumir ese alimento antes del parto, suelen tardar más en ingresar voluntariamente al sistema, reducen su consumo postparto y requieren mayor intervención humana. La adaptación en las últimas semanas de gestación favorece un mejor arranque productivo y una transición más fluida al AMS.

Las enfermedades metabólicas subclínicas, como cetosis o hipocalcemia, adquieren en los sistemas robotizados un impacto adicional: no solo afectan la salud, sino también el funcionamiento del sistema. Vacas con alteraciones metabólicas caminan menos, permanecen más tiempo echadas y visitan menos el robot, reduciendo litros producidos y eficiencia operativa.

Finalmente, la locomoción y el confort en el preparto suelen estar subestimados. Pisos resbaladizos, camas inadecuadas o falta de recorte preventivo de pezuñas generan dolor o incomodidad, disminuyendo la voluntad de desplazamiento hacia el robot, aun cuando el equipo esté perfectamente calibrado.

Una de las grandes ventajas del ordeño robotizado es el uso de datos. Los sensores de actividad, rumia, consumo y visitas permiten detectar desvíos que muchas veces se originan en el preparto, antes de que aparezcan signos clínicos evidentes. El verdadero valor del AMS está en anticiparse, no sólo en ordeñar.

Mensaje final
El ordeño robotizado no comienza en el robot: comienza en el preparto.

La vaca en transición es el verdadero “software biológico” del sistema. Sin una preparación adecuada, ninguna tecnología puede compensar los errores de manejo.

El robot ordeña vacas sanas, activas y motivadas.

La transición define si eso sucede… o no.

Por Méd. Vet. Leandro Abate Daga – Especialista en nutrición y manejo en sistemas de ordeño robotizado

Fuente: www.todolecheria.com.ar