Con el impulso del RIGI y cambios normativos clave, la Expo San Juan Minera marcó un punto de inflexión. Proyectos de escala global como Vicuña, Los Azules y Pachón prometen transformar la matriz productiva y generar una demanda histórica de infraestructura y servicios.

Redacción Frecuencia Agropecuaria + IA

La Expo Internacional San Juan Minera 2026 , organizada por Panorama Minero, no fue una feria más. Los pasillos del Velódromo Vicente Chancay fueron testigos de un clima que el sector no vivía hace décadas: una combinación de alineación política, seguridad jurídica a través del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) y una ventana de oportunidad global para el cobre, mineral crítico para la transición energética.

El mensaje de los principales líderes de la industria fue unánime: la minería argentina ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad de «clase mundial». Sin embargo, este salto de escalada —definido por algunos ejecutivos como «diez veces más grande que la era Veladero»— trae consigo desafíos estructurales que pondrán a prueba la capacidad de coordinación entre el Estado y el sector privado.

Proyectos que cambian el mapa

El gran protagonista de las jornadas fue el megaproyecto Vicuña (que integra Josemaría y Filo del Sol). Ron Hochstein, CEO de la firma, confirmó datos que escalarían por su magnitud: una inversión inicial de u$s 18.100 millones y una vida útil estimada en más de 70 años. De concretarse los aviones de BHP y Lundin Mining, San Juan albergará una de las cinco minas de cobre más grandes del planeta.

Por su parte, Glencore trazó su propia hoja de ruta. Martín Pérez de Solay, CEO de la compañía en Argentina, anunció la intención de reabrir Alumbrera para 2028 , funcionando como un puente productivo para los gigantes Agua Rica y El Pachón . Sobre este último, fue categórico: «Se va a desarrollar una máxima capacidad», apalancado en recursos que superan las seis millones de toneladas de cobre.

El desafío de la infraestructura y el agua.

Para el sector productivo y las comunidades locales, el «cuello de botella» es la infraestructura. Marcelo Álvarez (Barrick) y José Morea (Vicuña Corp) coincidieron en que el crecimiento de los proyectos está «desacoplado» de la infraestructura pública vial, energética y logística.

Desde Glencore, el planteo fue directo al corazón de la gestión: las mineras pueden garantizar la demanda y los contratos, pero las obras deben ser ejecutadas por especialistas en infraestructura, preferentemente bajo esquemas público-privados que eviten que la falta de caminos o energía frene el ingreso de divisas.

En cuanto al recurso hídrico, un tema sensible para toda la región cuyana y el sector agropecuario, la industria minera busca posicionarse no como un problema, sino como un socio tecnológico. La propuesta es aportar eficiencia y soluciones técnicas que ayuden a gestionar la crisis estructural de agua que afecta a la provincia.

Un nuevo clima de inversión

La percepción internacional sobre Argentina parece haber dado un giro de 180 grados. Michael Meding, CEO de Los Azules , graficó el cambio: «Antes me decían: ‘qué interesante proyecto, lástima que está en Argentina’. Hoy eso cambió». La adecuación de la Ley de Glaciares y la estabilidad macroeconómica han devuelto al país al tablero de competencia frente a potencias como Chile, Perú o Canadá.

No obstante, el sector financiero advierte que aún queda camino por recorrer. Federico Elewaut señaló que el riesgo país sigue encareciendo el crédito para las empresas locales en comparación con sus competidores externos. La clave para sostener este «momento minero» será, según los expertos, consolidar la licencia social día a día e integrar a los proveedores y trabajadores locales en esta nueva de valor que promete ser el motor del desarrollo regional en los próximos años.

Fuente: ambito.com