En el marco de la Expo del Tomate Platense, especialistas del CEPADE explicaron cómo el uso de enemigos naturales permite prevenir plagas, mejorar rindes y reducir la necesidad de insumos químicos en el cinturón hortícola.
En la recorrida por la nueva edición de la Expo del Tomate Platense, Frecuencia Agropecuaria dialogó con Julieta Meacas, bióloga botánica e investigadora del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPADE), dependiente de la Universidad Nacional de La Plata, quien explicó el trabajo que desarrollan en ecología de plagas y control biológico en el cinturón hortícola de La Plata.
“El eje de nuestro trabajo es estudiar los enemigos naturales que ya están presentes en las huertas y que controlan plagas que afectan a los cultivos hortícolas”, señaló.
Investigación aplicada al campo
El equipo realiza muestreos en quintas del cinturón productivo, donde identifican especies que actúan como depredadores o parasitoides de plagas frecuentes como pulgones, mosca blanca y la polilla del tomate.
“Muchas veces encontramos que esos enemigos naturales ya están en el sistema productivo. Lo que hacemos es muestrear, identificar las especies en el laboratorio y luego informar al productor qué organismos están presentes y de qué plagas se están alimentando”, explicó.
Además, en el laboratorio analizan la capacidad de depredación y parasitismo de cada especie, así como sus preferencias alimenticias y de vegetación.
La clave: conservar la vegetación espontánea
Uno de los conceptos centrales que destacó Meacas es el control biológico por conservación.
“Muchas veces se limpia completamente el terreno antes de implantar el cultivo, eliminando la vegetación espontánea. Pero es justamente en esa vegetación donde se resguardan los enemigos naturales que queremos conservar”, indicó.
Según explicó, mantener diversidad vegetal dentro y alrededor del cultivo favorece la presencia de insectos benéficos que actúan como controladores naturales cuando aparece la plaga.
“Si ya tenés esos enemigos naturales presentes en el sistema, cuando la plaga surge no llega a explotar poblacionalmente porque ya está siendo controlada”, afirmó.
Beneficios productivos y preventivos
El trabajo no solo apunta a una producción más sustentable, sino también a mejorar resultados productivos.
“El control biológico funciona como una herramienta preventiva. Eso impacta en la estabilidad del cultivo y en la calidad del producto final”, sostuvo.
En la práctica, el acompañamiento del equipo de la UNLP se da principalmente con productores agroecológicos y orgánicos, donde la recepción —según destacó— es muy positiva, ya que el sistema productivo favorece naturalmente la biodiversidad.
Trabajo durante todo el año
Las tareas se desarrollan durante todo el año, aunque la etapa fuerte de muestreo se concentra en primavera y verano, cuando la diversidad biológica es mayor. Durante el invierno, el equipo continúa los estudios en laboratorio con colonias de insectos recolectadas en la temporada estival.
El trabajo articulado entre ciencia y producción muestra cómo el conocimiento generado en la universidad puede traducirse en herramientas concretas para el productor, fortaleciendo la sanidad vegetal y promoviendo sistemas más equilibrados en el corazón del cinturón hortícola platense.

