En el marco del Sunset Ganadero, Marta Vila Moret y Horacio Lavalle compartieron su historia de vida y trabajo en General Belgrano. Desde sus inicios con 60 hectáreas hasta los grandes campeonatos, el matrimonio resalta que la clave del éxito ganadero está en la precisión de los datos y el cuidado del equipo humano.
La ganadería argentina es, ante todo, una historia de convicción y perseverancia. Así quedó demostrado en la reciente charla que mantuvieron Marta Vila Moret y Horacio Lavalle, titulares de la prestigiosa Cabaña Las Tranqueras, ubicada en General Belgrano, provincia de Buenos Aires. Durante el encuentro, los criadores de Hereford y Angus repasaron un camino que comenzó con entusiasmo y pequeñas parcelas, y que hoy es un referente de la cría de alta genética.
Marta, quien se define como una apasionada de la reproducción y el campo desde su infancia, fue quien «contagió» a Horacio para volcarse de lleno a la actividad. Lo que empezó como un proyecto familiar se transformó en una búsqueda constante de la excelencia a través del ganado de pedigrí.
«En el pedigree tenés el detalle de cada animal, vas viendo cómo producen cada madre y cada padre; son cosas muy exactas», explicó Marta, subrayando que la competencia sana en las exposiciones ha sido el motor para progresar y mejorar año tras año.
La tecnología al servicio de la producción Por su parte, Horacio Lavalle hizo hincapié en la enorme evolución que ha tenido el sector en las últimas cuatro décadas. El manejo sanitario, reproductivo y nutricional —con herramientas fundamentales como el silo de maíz para enfrentar climas adversos como la sequía o las inundaciones— ha dado un salto cualitativo.
«Hoy hay datos que antes no había», señaló Lavalle, destacando que la información precisa sobre el peso al nacer y la facilidad de parto permite tomar decisiones seguras. Además, valoró la conectividad actual y el uso de caravanas electrónicas como herramientas que simplifican la vida diaria del productor y el veterinario.
Primero la gente, después la hacienda Uno de los momentos más emotivos y profundos de la charla fue cuando se abordó el rol del trabajador rural. Para los dueños de Las Tranqueras, la responsabilidad de conducir un establecimiento implica, prioritariamente, el manejo y la formación de la gente.
«Sin gente no hay hacienda posible», sentenció Horacio, enfatizando que la convivencia y el apoyo en salud y educación para los empleados son pilares que sostienen la producción. Marta cerró con una reflexión sobre la importancia de escuchar y potenciar al otro: «Cuando empezás a enseñarle al otro ya ver las potencialidades que tiene, es lo mejor que te puede pasar».
Desde Frecuencia Agropecuaria , celebramos estos testimonios que reafirman que el campo argentino no solo es el motor económico del país, sino un espacio donde la técnica y la humanidad trabajan a la par para producir lo mejor de nuestra tierra.


