Ensayos del INTA Oliveros demostraron que incorporar especies como vicia en mezclas de cobertura mejora el balance de nitrógeno del sistema y reduce necesidades de fertilización en planteos con maíz.

La incorporación de leguminosas en cultivos de cobertura sigue consolidándose como una estrategia agronómica de alto impacto para los sistemas productivos de la región pampeana. Ensayos realizados por el INTA Oliveros, en Santa Fe, confirmaron que sumar especies como vicia villosa en secuencias con maíz mejora la dinámica del nitrógeno en el suelo y favorece su disponibilidad para el cultivo siguiente.

Los trabajos fueron desarrollados en distintas combinaciones de vicia, centeno y nabo forrajero, buscando determinar cuáles mezclas permiten maximizar la producción de biomasa y, al mismo tiempo, aportar nutrientes para el maíz posterior.

José Araujo, especialista en manejo de cultivos, suelo y agua del INTA Oliveros, explicó que las leguminosas cumplen un rol central por su capacidad de fijar nitrógeno biológicamente y transferir parte de ese nutriente al sistema.

“En secuencias con maíz, la inclusión de leguminosas como cultivos de cobertura cumple un rol clave en el manejo del nitrógeno, al modificar su dinámica dentro del sistema”, señaló el técnico.

El valor de combinar especies

Desde el organismo remarcaron que el mejor resultado no depende de una sola especie, sino de una correcta combinación. Mientras la vicia aporta nitrógeno, gramíneas como el centeno y especies como el nabo ayudan a reducir pérdidas por lixiviación y mejoran la estructura del suelo.

Por eso, la elección de especies, densidades y proporciones aparece como una decisión estratégica para optimizar el balance nutricional del cultivo siguiente.

En la región pampeana, donde predominan los cultivos estivales y existen largos períodos sin cobertura durante otoño e invierno, estas mezclas permiten mantener el suelo activo, protegerlo y mejorar su funcionamiento biológico.

Biomasa y comportamiento según la fecha de maíz

En una primera etapa, los investigadores definieron densidades óptimas en cultivos puros:

  • Vicia: 65 plantas/m²
  • Centeno: 200 plantas/m²
  • Nabo forrajero: 75 plantas/m²

Con esos valores lograron producciones de materia seca de:

  • 5.400 kg/ha en vicia
  • 6.300 kg/ha en centeno
  • 4.900 kg/ha en nabo

Luego evaluaron 16 mezclas distintas tanto en maíz temprano como tardío.

Los mejores niveles de biomasa se registraron cuando vicia y/o centeno superaron el 50 % de participación en la mezcla:

  • Maíz temprano: entre 4.000 y 5.000 kg/ha
  • Maíz tardío: entre 5.500 y 7.500 kg/ha

Menor necesidad de fertilizante nitrogenado

Uno de los datos más relevantes fue la respuesta del maíz a la fertilización nitrogenada. En ambos esquemas hubo mejoras de rendimiento, aunque las mezclas con mayor presencia de vicia permitieron reducir las dosis necesarias de nitrógeno aplicado.

En maíz temprano:

  • Dosis óptimas entre 90 y 154 kg N/ha
  • Incrementos de rendimiento entre 22 y 51 %

En maíz tardío:

  • Dosis óptimas entre 97 y 172 kg N/ha
  • Incrementos de rendimiento entre 12 y 32 %

Recomendaciones prácticas

Según los resultados, para maíz temprano la mezcla más eficiente incluyó:

  • 70 % vicia
  • 30 % centeno

Mientras que para maíz tardío la recomendación fue:

  • 50 % vicia
  • 50 % centeno

En ambos casos, la inclusión de nabo permitió reemplazar parte del centeno y diversificar el sistema.

Una estrategia cada vez más vigente

Los ensayos del INTA refuerzan el papel de los cultivos de cobertura como una herramienta concreta para producir más y mejor, con mayor eficiencia en el uso de nutrientes y mejor conservación del suelo.

En un contexto donde los costos de fertilización siguen siendo una variable clave, ajustar mezclas con leguminosas puede transformarse en una decisión técnica de fuerte impacto económico y ambiental para los productores maiceros.

Fuente: TodoAlfalfa.com.ar