Un análisis de la compañía de semillas señala que en ambientes con rendimientos de soja inferiores a los 32 quintales por hectárea, el girasol se posiciona como una alternativa rentable y estratégica para optimizar el riesgo productivo en la región central del país.

El cultivo de girasol vuelve a posicionarse como una herramienta estratégica clave en la planificación agrícola de la región centro de la Argentina. Ante un escenario donde la soja enfrenta serias restricciones hídricas, térmicas o de suelo que limitan su techo productivo, un análisis técnico de la firma NK Semillas identificó una superficie potencial de 6,05 millones de hectáreas donde el girasol resulta más competitivo y ofrece un mejor margen económico.

El umbral que define esta oportunidad se ubica en el rendimiento histórico de la soja. Según explicó Francisco Pérez Brea, gerente de Marketing de NK, el análisis de la compañía toma como referencia que en aquellos lotes donde la soja no logra superar los 32 quintales por hectárea, la opción del girasol pasa a ser la más conveniente para el productor.

Esta superficie identificada por la empresa se distribuye principalmente en cuatro provincias de la región pampeana: unas 2,2 millones de hectáreas en Córdoba, 2 millones en Buenos Aires, 980.000 en Santa Fe y 850.000 en Entre Ríos, todas zonas donde el estrés hídrico suele restringir el potencial de la soja.

Desde la compañía destacan que el valor del girasol en estos ambientes de menor productividad radica en su capacidad para alcanzar un resultado económico equivalente con un nivel de rendimiento inferior. Al respecto, Andrés Caggiano, gerente de Desarrollo de Producto en NK, señaló que la oleaginosa aporta competitividad y ayuda a equilibrar los sistemas productivos en campos donde históricamente es difícil perforar el techo de los 30 a 32 quintales de soja. A esta ventaja agronómica se suma además el beneficio comercial de las bonificaciones por materia grasa, que pueden aportar cerca de un 10% adicional sobre el precio neto obtenido.

Lejos de plantear un reemplazo directo entre cultivos, los especialistas de NK enfatizan que la clave pasa por asignar cada especie al lote donde expresa su mejor relación entre costo, riesgo y productividad. Para dar respuesta a este desafío, la marca propone el uso de genética adaptada a diferentes ambientes a través de materiales como el NK 3949 CL, el NK 3969 CL y el SYN 3970 CL, buscando transformar ambientes de rendimiento incierto en modelos agrícolas más estables y rentables.

Fuente: Prensa NK