Un estudio de Ura Agro realizado durante nueve campañas agrícolas confirma que el riego por goteo subterráneo no solo incrementa la productividad del maíz, sino que también aporta estabilidad frente a la variabilidad climática y mejora la rentabilidad del sistema productivo.

La búsqueda de mayor productividad, previsibilidad económica y un uso más eficiente de los recursos está llevando a cada vez más productores a incorporar tecnologías que reduzcan el impacto de la variabilidad climática. En ese contexto, el riego por goteo subterráneo se consolida como una de las inversiones con mayor retorno para la producción de maíz y otros cultivos.

Un ensayo elaborado por Ura Agro, empresa cordobesa especializada en el desarrollo integral de proyectos de riego subterráneo, analizó los resultados obtenidos durante nueve campañas agrícolas en establecimientos de la provincia de Córdoba y confirmó el fuerte impacto de esta tecnología sobre los rendimientos y la estabilidad de la producción.

El análisis muestra que, en promedio, el maíz temprano bajo riego alcanzó 16.750 kg/ha, mientras que los lotes en secano obtuvieron 9.452 kg/ha, lo que representa un incremento del 77,2%, equivalente a 7.298 kilos adicionales por hectárea.

Los resultados también se reflejan campaña tras campaña. En 2025/26, uno de los establecimientos evaluados obtuvo 17.700 kg/ha de maíz temprano bajo riego, frente a un promedio regional de 7.500 kg/ha en secano, más que duplicando la producción. En 2024/25, el mismo sistema alcanzó 16.100 kg/ha, mientras que el promedio de secano fue de 9.220 kg/ha. Esto demuestra que, incluso bajo escenarios climáticos diferentes, el riego permite sostener elevados niveles de productividad.

«Hoy el productor ya no busca solo maximizar el rendimiento en un año favorable, sino asegurar un piso de producción que le permita planificar, invertir y crecer con mayor previsibilidad. Por eso entendemos que el riego es una inversión de largo plazo, que suele implementarse por etapas y requiere capacitación, acompañamiento técnico permanente y una relación cercana con el productor para obtener el máximo beneficio en cada campaña«, afirma Ricardo Mendiolaza, gerente de Ura Agro.

Más producción sobre la misma superficie

Hoy, crecer no necesariamente implica sumar hectáreas. La incorporación de tecnologías como el riego permite aumentar la productividad sobre la misma superficie, evitando los mayores costos de logística, infraestructura y mano de obra que supone expandir el área cultivada. Además, mejora la rentabilidad y reduce el riesgo asociado a la variabilidad climática.

En este marco, Ura Agro desarrolla proyectos personalizados según el tipo de suelo, la disponibilidad de agua, el manejo agronómico y los objetivos de cada establecimiento. Además del diseño e instalación de los sistemas, brinda asesoramiento financiero, dimensionamiento de equipos de bombeo, maquinaria propia y soporte técnico y agronómico permanente.

La implementación suele realizarse por etapas, de acuerdo con las necesidades y posibilidades de inversión de cada productor, por lo que el acompañamiento técnico resulta un aspecto clave para el éxito del proyecto.

Una inversión con retorno comprobado

Uno de los principales desafíos al incorporar un sistema de riego es evaluar el retorno de la inversión. Para ello, Ura Agro desarrolla análisis económicos personalizados con información obtenida en establecimientos donde la tecnología ya se encuentra en funcionamiento.

Los ensayos consideran rindes históricos, márgenes brutos, flujo de fondos y distintos escenarios productivos para proyectar el recupero de la inversión. Según estos estudios, el incremento en la productividad y la mejora de los márgenes permiten proyectar un retorno en aproximadamente cinco campañas, favorecido además por las herramientas de financiamiento disponibles para el sector.

Además de su impacto productivo, el riego representa una inversión de alto retorno. Actualmente, existe un régimen de incentivo para medianas inversiones (RIMI) que está diseñado específicamente para este sistema de riego, generando un alto beneficio impositivo a través de la amortización acelerada de esta herramienta y sus partes, eliminando o reduciendo el pago de impuesto a las ganancias y devolviendo de forma anticipada de IVA a las empresas que invierten en esta tecnología. Este beneficio se traduce en un ahorro impositivo para productores agropecuarios con campo propio de 100.000 USD en promedio, dependiendo su posición impositiva.

El denominado «efecto RIMI» demuestra que, frente a otras alternativas de inversión, no existe otra tecnología capaz de ofrecer retornos similares y, al mismo tiempo, estabilizar la producción para asegurar los ingresos año tras año.

Para muchos productores, esto se traduce en la tranquilidad de contar con un verdadero «seguro» de cosecha, que garantiza un piso de rendimiento, aporta mayor previsibilidad al negocio y permite aprovechar oportunidades de financiamiento con tasas de crédito favorables.