Hay historias que se escriben sobre los papeles, y otras que se marcan a fuego en el lomo de los animales, en el frío de las mañanas de campo y en la entrega de toda una vida. En el marco de la Expo Rural de Dolores , Frecuencia Agropecuaria conversó con Marcelo Quiroga , al frente de la cabaña El Milagro (ubicada en la zona de Ayacucho, en el límite con Guido).
Por: Pablo Molina + IA
Lo que comenzó como una charla técnica sobre toros negros y colorados, genética y la revalorización de la cuenca del Salado, se transformó rápidamente en un relato profundo sobre el esfuerzo, el sacrificio y, sobre todo, el amor incondicional por la ganadería..
El orgullo de estar con las vacas y los toros.
Con la sencillez de los hombres de campo, Marcelo repasa el presente de la cabaña —que arrancó formalmente entre 2006 y 2008 vendiendo sus primeros toros— y destaca que este es un momento muy lindo para el sector, una oportunidad para revalorizar la ganadería después de años difíciles.
Sin embargo, al hablar del día a día, de estar permanentemente encima de los animales, inseminando y buscando la genética justa de 18 a 24 meses que los productores exigen, surge una verdad inquebrantable: más allá del bienestar económico, lo que verdaderamente mueve la rueda es la pasión..
«Esto es lo que nos da la vida a nosotros… estar todos los días haciendo algo, porque vos vas al campo y ese animal está allá porque uno lo puso ahí», expresa Marcelo con la convicción de quien vive la tierra en carne propia.
El legado y las lágrimas del corazón.
El momento más conmovedor de la entrevista llega cuando Marcelo mira hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo.. Recordando los años de sacrificio, de transitar inviernos abrigado de cabeza a los pies para ganarle al frío, su voz se quiebra y los ojos se llenan de lágrimas..
Heredero del camino trazado por su padre —quien también trabajo toda su vida en la actividad—, Marcelo siente la profunda emoción de ver que la historia continúa. Con la voz entrecortada por el orgullo y la alegría, comparte que tanto su hija como su hijo siguen adelante con la misma pasión y amor por la ganadería..
Ese traspaso generacional, esa división de campos para seguir trabajando y apostando al futuro, es el verdadero «milagro» de la cabaña: saber que el esfuerzo no fue en vano y que el amor por las vacas y los toros seguirá latiendo en las próximas generaciones..
Una nota imperdible para reflexionar sobre el alma de la ganadería argentina, donde el trabajo diario, la familia y el orgullo de pertenecer se funden en un solo abrazo.


