La especie puede alcanzar hasta siete metros de altura y generar importantes pérdidas de rendimiento. Durante el Congreso de Malezas realizado en Córdoba, especialistas alertaron sobre su expansión y UPL presentó Karobiz®, una nueva herramienta postemergente para caña de azúcar y maíz.

El pasto cubano (Tithonia tubaeformis) se convirtió en una de las malezas que mayor preocupación genera en algunas regiones productivas del país. Su capacidad de crecimiento, producción de semillas y competencia con los cultivos hacen que su manejo sea cada vez más complejo.

La problemática fue uno de los ejes del Congreso de Malezas organizado por ASACIM en Córdoba, donde especialistas analizaron el avance de esta especie y las estrategias disponibles para evitar que continúe expandiéndose.

Durante el encuentro, Agustín Sánchez Ducca, docente de la Universidad Nacional de Tucumán y especialista en malezas, repasó la historia de la especie en Argentina. El pasto cubano ingresó al país en 1956 por Jujuy y, con el paso de los años, avanzó sobre distintas zonas productivas del NOA. En 1983 fue declarado plaga nacional y actualmente representa un problema particularmente importante en cultivos como caña de azúcar, poroto y maíz.

Una maleza de gran capacidad de crecimiento

Una de las características que hacen especialmente difícil su manejo es su tamaño. El pasto cubano puede alcanzar hasta siete metros de altura, desarrollar tallos de seis a siete centímetros de diámetro y formar grandes macizos capaces de competir con cultivos de buen potencial.

Según explicó Sánchez Ducca, en ensayos realizados en caña de azúcar se observaron pérdidas superiores al 40% cuando la maleza logra establecerse y competir con el cultivo.

A esto se suma su elevada producción de semillas y la capacidad de permanecer durante parte de su desarrollo por debajo del cultivo, hasta encontrar las condiciones necesarias para crecer rápidamente.

El impacto también puede observarse en maíz. En uno de los establecimientos analizados por el asesor Arturo Armiñana, sobre un total de 204 hectáreas, las 16 hectáreas afectadas por pasto cubano registraron rendimientos aproximadamente 1.500 kilos por hectárea inferiores al resto del lote, aun cuando habían recibido tratamientos con herbicidas.

Córdoba, una nueva señal de alerta

Uno de los datos que generó mayor preocupación durante el Congreso fue la confirmación de que las plantas encontradas en Córdoba tienen capacidad para reproducirse.

Sánchez Ducca explicó que se recolectaron semillas maduras de plantas presentes en la provincia y posteriormente se comprobó su viabilidad. Esto demuestra que la presencia del pasto cubano en Córdoba no necesariamente responde solamente al ingreso de semillas desde otras regiones a través del tránsito o el movimiento de maquinaria.

La posibilidad de que la especie pueda multiplicarse por sí misma abre un nuevo escenario y refuerza la necesidad de monitorear los lotes y actuar antes de que la maleza alcance una mayor distribución.

Prevención y nuevas herramientas de control

Frente a esta situación, los especialistas remarcaron que el manejo del pasto cubano no debe depender de una única aplicación. La estrategia debe comenzar con la prevención, el monitoreo permanente y el uso de herramientas preemergentes, complementadas cuando sea necesario con tratamientos postemergentes.

En este sentido, UPL Corp Argentina presentó durante el Congreso Karobiz®, un nuevo herbicida postemergente selectivo para caña de azúcar y maíz, formulado a base de Topramezone.

La nueva herramienta se incorpora a la estrategia de manejo del pasto cubano y permite ampliar las alternativas disponibles para controlar esta especie y otras malezas relevantes, entre ellas distintas gramíneas anuales, yuyo colorado, crucíferas y tupulo.

UPL también cuenta con Dinamic® 70 WG, a base de Amicarbazone, como herramienta preemergente para el manejo del pasto cubano en caña de azúcar. La combinación de estrategias pre y postemergentes busca mejorar el control y, al mismo tiempo, contribuir al manejo de malezas resistentes.

El mensaje que dejó el encuentro en Córdoba fue concreto: anticiparse al problema es clave. La expansión territorial del pasto cubano y su capacidad para producir semillas viables en nuevas zonas muestran que el desafío ya no se limita exclusivamente a las regiones donde históricamente provocó mayores pérdidas.

Para los productores, el monitoreo temprano y una estrategia integrada de manejo pueden ser determinantes para evitar que esta maleza pase de ser una presencia aislada a convertirse en un problema productivo de mayor escala.