En diálogo exclusivo con Frecuencia Agropecuaria durante la Exposición Rural de Palermo, el médico veterinario Pablo Sorasio, de Cabaña La Esperanza (Laborde, Córdoba), analizó el presente de la actividad, los desafíos de la cadena comercial, la incorporación de tecnología y el margen de crecimiento del consumo interno.

Con más de una década compitiendo en la muestra ganadera más importante del país, Pablo Sorasio repasó los inicios de Cabaña La Esperanza en la pista de Palermo y la evolución que experimentaron desde su primera participación.

«Este es el undécimo año consecutivo en que venimos a competir. La cabaña ya venía funcionando desde antes, pero no nos animábamos a venir a Palermo hasta que un cabañero amigo nos impulsó. Y no paramos más: Palermo es adictivo por la competencia y porque permite medir en qué nivel estás instalado respecto a las cabañas más importantes del país. Además, es una gran vidriera hacia el mundo», destacó Sorasio.

Respecto a la genética ovina en la Argentina, el especialista remarcó que el país cuenta con un nivel de excelencia internacional en varias razas. Sin embargo, advirtió que el principal cuello de botella de la actividad se encuentra en la articulación entre la producción primaria y los canales de faena y distribución.

«A la ovinocultura le falta lograr que la producción se encuentre de manera fluida con la industria. La mayoría de las majadas no cuentan con el volumen suficiente para enviar hacienda a frigoríficos que, en general, distan a más de 100 kilómetros. La logística y el flete terminan absorbiendo gran parte del valor del producto y al productor no le cierra la ecuación», explicó el veterinario.

Sorasio sostuvo que para erradicar la faena informal no se requiere una lógica puramente policial, sino brindar herramientas concretas y adaptar los esquemas de faena y fraccionamiento (frigoríficos tipo II) a la realidad de los pequeños y medianos productores.

Cambiar el formato para llegar a la góndola cotidiana

Inspirado en la transformación del sector porcino, el titular de Cabaña La Esperanza remarcó que el cordero debe dejar de comercializarse únicamente como carcasa entera para pasar a ofrecerse en cortes individuales y productos procesados ​​fáciles de preparar en los hogares.

  • Adecuación al consumo moderno: «La dinámica de los hogares cambió; la gente busca soluciones rápidas para el almuerzo o la cena. Hoy no podemos ofrecer únicamente un cordero entero en la góndola. Necesitamos llegar en bandejas con cortes (costeltas, chuletas, pechito) y procesados ​​como hamburguesas o salames».
  • Proteína animal revalorizada: «El consumo mundial de proteína animal está aumentando apuntalado por una revalorización en la nutrición. La tecnología y las inversiones llegan cuando hay precios que acompañan este proceso».

Consultado sobre el día a día de la cabaña y el mensaje para los productores y las nuevas generaciones, Sorasio subrayó el valor social de la ganadería ovina y el enorme margen de expansión que ofrece el mercado local.

«La ganadería genera arraigo, puestos de trabajo constantes y evita que el campo se transforme en un desierto. Es un trabajo de los 365 días del año, de lunes a lunes», afirmó.

Finalmente, sobre las perspectivas de la actividad, conclusiones con un dato revelador sobre el consumo interno:

«De los aproximadamente 130 kilos de carne por habitante al año que se consume en la Argentina entre vacuno, porcino y aviar, solo 1.600 kg corresponden a la carne ovina. El potencial de producción y el techo que tenemos por delante es, hoy por hoy, inalcanzable para cualquier otra producción».